Más del 80% de mujeres asesinadas no habían denunciado violencia

 

En el marco del Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, que se conmemora este 25 de noviembre, es necesario darnos cuenta que existe una realidad apabullante, 80% de quienes fueron asesinadas, nunca habían denunciado al agresor. Eso nos coloca en el escenario en el que debemos reflexionar como sociedad si la protección de la persona sometida a maltrato debe depender siempre de una denuncia previa, fue una de las revelaciones que se dio en el pasado II Congreso Internacional Virtual de Derecho Penal Carlos Daza Gómez. In memoriam.

A fin de evitar que se desarrollen investigaciones o procesos penales estereotipados, se deben aplicar estrategias de acción que promuevan la igualdad efectiva para las mujeres, es decir, eliminar los modelos de género que tienen los servidores públicos y que, en ocasiones, las perjudican en sentencias y resoluciones, destacaron expertos convocados por la Facultad de Derecho (FD) de la UNAM.

Durante el congreso citado, la coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Seguridad Ciudadana de la UNAM, Patricia Lucila González Rodríguez, señaló:

Para lograr la plena igualdad entre hombre y mujer es necesario que a través de la educación en todos sus niveles se trabaje en la modificación de los patrones socio-culturales de conducta, con miras a eliminar prejuicios y prácticas basadas en la idea de superioridad o inferioridad, o de funciones estereotipadas de hombres y mujeres.

En el marco del Programa de Cooperación Triangular Costa Rica-España, se materializó el lanzamiento del proyecto Política Nacional para la Prevención y Atención de la violencia hacia las Mujeres de todas las edades Paraguay 2021-2030, que dotará a ese país de un modelo multisectorial, interinstitucional e integral.

En tanto, el abogado y académico especialista en Derecho Penal, Julio Hernández Barros, expuso que los micromachismos son maniobras y estrategias sutiles, casi imperceptibles, que tienen los hombres para ejercer dominio cotidiano sobre ellas, y que atentan contra su autonomía y libertades femeninas. “Son trucos hábiles, tretas, manipulaciones para imponer nuestras razones, deseos e intereses en la vida cotidiana”.

Pasan inadvertidos porque se les considera algo natural; varios de esos comportamientos no tienen propósito, sino aprendidos desde la infancia. Decir que la principal función de una mujer es encontrar una pareja, casarse y ser madre, es un ejemplo.

Pero “esas acciones sutiles tienen las mismas intenciones que ejercer una violencia más notoria y evidente; ambas se encaminan a la supremacía masculina sobre la femenina”, alertó.

Es importante que en las escuelas de Derecho e instituciones policiales, de procuración y administración de justicia se introduzca el estudio formal, profundo, de la perspectiva de género, y se complemente con las metodologías que utilizan las ciencias Criminalística y Criminológica, para impactar a partir de la enseñanza a la práctica jurídica, tanto en el ámbito policial como del ministerio público, de la defensoría pública y los tribunales, añadió.

En diversas sentencias y resoluciones, en el trabajo policial cotidiano y en las fiscalías, están involucrados los estereotipos especialmente cuando se trata de asuntos relacionados con ellas; por ejemplo, en el delito de violación se priva de credibilidad a la víctima al no haber tratado de escapar o no mostrar el comportamiento esperado por la sociedad.

Asimismo, no denunciar de manera oportuna o si la persona afectada y el autor de la agresión se conocen, toda vez que se parte del prejuicio de que el acto sexual fue consentido. Otros factores como “vestir de manera inapropiada”, o estar en un determinado lugar a “ciertas horas de la noche”, son cuestiones que también deben desparecer, consideró González Rodríguez.

La titular de la Fiscalía Especializada para la Investigación del Delito de Feminicidio, Sayuri Herrera Román, recordó que esta instancia se creó en 2019 en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

Ese ilícito, comentó, antes se investigaba en la Fiscalía de Homicidios. Hoy, por ejemplo, se cuenta con una unidad de investigación de transfeminicidio, única en el Estado mexicano, y en la cual se concentran las indagatorias de casos de muertes violentas de quienes hayan o no hecho su cambio de identidad ante el registro civil.

Además, hay una unidad especializada para atender los casos de muertes violentas de quienes están en calidad de desconocidas y en donde “nuestra tarea adicional es tratar de identificarlas”, labor que realizan especialistas en diversas áreas: periciales de odontología, antropología física, obtención de perfiles genéticos o dactiloscopia, y se efectúan confrontas con comisiones de búsqueda y otras fiscalías, sobre todo en el caso de las que fueron encontradas en el espacio público.

Asimismo, se cuenta con la Unidad de Investigación de Tentativas de Feminicidio. “Una manera eficaz de prevenir este delito es el acceso a la justicia y el abatimiento de la impunidad”, recalcó Sayuri Herrera.

En la sesión dedicada a la violencia de género, Javier Gustavo Fernández Teruelo, de la Universidad de Oviedo, mencionó: en España, mientras hubo confinamiento debido a la pandemia, se produjo un descenso significativo en el número de mujeres asesinadas porque al estar en un entorno cerrado la decisión de ruptura frente a otra de maltrato –que puede llevar a la separación, divorcio o denuncia– no era fácil de llevar a cabo.

De marzo a diciembre de 2020, las tasas de feminicidios disminuyeron de forma significativa; sin embargo, cuando terminó el encierro, en el escaso periodo de 10 a 15 días se produjeron nueve feminicidios en aquella nación (España).

Lo que sucedió es que cuando las víctimas de maltrato valientemente habían tomado la decisión de dar el paso de la ruptura, enfrentaron la reacción extremadamente violenta del maltratador, quien tiene una dependencia vital de la relación de dominio, al punto que no concibe la vida fuera de ella.

Más del 66% de las mujeres mexicanas de 15 años y más han vivido violencia (según datos oficiales del INEGI, 2016). Y en el país más de 16.4 millones de mujeres no tienen ingresos propios o sus ingresos vienen de otras fuentes. Esto las lleva a depender de otras personas, para su manutención y el de sus familias e hijos.

Es por ello que estos factores pueden ser detonadores para ejercer violencia tanto intrafamiliar como en otros ámbitos, como escolares, laborales entre amigos o en una relación de pareja.

 

 

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