Clases a distancia, la dificultad de estudiar para otros

No todos los estudiantes cuentan con oportunidades para sobrellevar un futuro mejor, pues sus condiciones de vida son precarias

Culiacán, Sin.- En la invasión de la calle campanillas a lado del Panteón Municipal 21 de Marzo, una tiendita da esperanza a salir adelante a Dayane, pese a las preocupaciones económicas que atraviesa: la educación de sus dos hijos y su salud.

Para los padres de familia, las cuotas voluntarias que se piden para la limpieza o material escolar en los planteles públicos, es ya casi un requisito al inicio de las clases escolares, sin embargo, esto resulta absurdo cuando ahora la educación toma lugar en casa y, las herramientas de estudio a asegurar, son las de contar con internet, una computadora y una televisión.

A Dayane le piden 500 pesos para la limpieza de la secundaria a la que está inscrito su hijo mayor, la Secundaria Antonio Nakayama, y por si fuera poco, los libros de texto gratuito, los quieren cobrar.

Yo nunca digo nada de lo que se hace o no en la escuela, pero esta vez me parece un abuso, en plena pandemia. Ahorita la economía se fue para abajo demás, apenas y uno le hace

La inscripción de su hijo tiene un costo de 800 pesos, siendo así, un total de mil 300 pesos a pagar en la escuela que su hijo no va a pisar hasta que la pandemia sea controlada y la Secretaría de Salud, dé luz

Aunque para los vecinos da la perspectiva que, por tener una tienda, Dayane puede sostenerse económicamente, la realidad, asegura ella, es que no, y más cuando los productos que ha fiado por ser solidaria, no se le han pagado.

“A uno lo ven con tienda aquí y creen que uno tiene con qué, pero no, ahorita no saco ni los 200 pesos en el día. De hecho, yo pensé que los niños iban a entrar a la escuela porque están cobrando”, expone.

El contraste de su casa de madera, con una tienda de lámina de metal, no resalta de las casas de retazos de madera, ladrillos sin cementos, cartón y con fosas sépticas en lugar de baño con drenaje pluvial, que le rodean.

Dayane tiene además una niña de primaria y, sus preocupaciones ahora no sólo radican en brindarles educación a sus hijos, sino en cuidarlos de la violencia que rodea la invasión en la que viven.

“Aquí han llegado hombres armados a querer robar, pero ven como está uno y se van. Yo no dejo que mis hijos anden jugando afuera, no quiero que se me echen a perder o lo peor, que corran peligro”, dice.

Además de la violencia, en la comunidad que habita en el suelo del gobierno municipal, tiene ubicado un pedófilo, lo cual preocupa sobre todo cuando su hija menor está en casa.

Hace días, en la banqueta de en frente a su hogar, tablearon a unos ladrones del asentamiento, presuntamente porque robaron la madera de las coronas de flores de una tumba que, según dicen, era de un narco.

La inseguridad y los repentinos ataques epilépticos que padece, pone en alerta a Dayane y vulnerable.

Aunque el hijo adolescente de Dayane se encuentra rodeado de lo que las madres de familia llamaran malas influencias, Jesús, tiene la meta bien planteada de culminar sus estudios y probablemente convertirse en psicólogo o ejercer alguna otra profesión.

“Yo no quiero terminar como mi papá, él es pintor, no le y a veces le ayudo para ganarme mis 100 o 200 pesos al día que luego lo uso para la escuela o para ayudar a mi mamá; pero yo quiero estudiar, quiero ser una persona de profesión”, asegura el menor.

Jesús es consciente de las complicaciones a las que se enfrenta por su déficit económico y, ahora, las nulas herramientas para comenzar el tercer año de secundaria.

“Yo pensé que las clases serían en la escuela, escuché una vez en las noticias que a lo mejor íbamos unos días sí y otros no por la pandemia, pero resultó que no… me preocupa cómo voy hacerle para entregar mis tareas”, externa.

Jesús comenta que su mamá ya intentó contratar internet para que, por lo menos, pueda hacer las tareas en el teléfono de su madre, que a duras pena funciona. Sin embargo, no tuvieron éxito, pues al ser una casa de manera irregular, es decir, sin nomenclatura, es imposible obtener el servicio.

Su madre, Dayane, asegura que él es cumplido con la escuela y que está encaminado hacia el camino del bien y lo cuida para que no caiga en las garras de las malas influencias que lo rodea, pero en este momento, la familia vive la incertidumbre de, al menos, sacar dinero para el día y que los clientes a los que se les fio, se dignen a pagar pronto.

La invasión de la 21 de Marzo vive constantemente asediada por el desalojo del gobierno y por la delincuencia.

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